Un gran porcentaje de hombres se enfrenta cada mañana a la dura prueba de ponerse un traje. Otros solo lo hacen de manera ocasional en grandes ocasiones. Pero todos, antes o después, siempre se preguntan lo mismo: «¿Lo llevo bien?». Aquí van las claves que debe seguir para no tener duda alguna.

POR JOSÉ LUIS DÍAZ GARDE

Ni el Photoshop puede superar a veces la visión que la mente nos devuelve de nosotros mismos. El cerebro siempre está ahí para echarnos una mano cuando necesitamos negar la realidad o reforzar nuestras aseveraciones. Esto puede hacer que lleguemos a creernos la encarnación española de Toni Servillo (el elegante protagonista de la impecable película italiana La gran belleza), cuando realmente nos parecemos más a cualquiera de los protagonistas de Borgen (si encuentra a alguien bien vestido en esa serie danesa, por favor, háganoslo saber).

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y eso se comprueba claramente en este campo. Es difícil explicar cómo podemos cometer tantos errores en uno de los uniformes que más empleamos a diario. Y eso que todo es mucho más fácil de lo que parece. Si analizamos con tranquilidad el traje, veremos que es cuestión de detalles, como la letra pequeña de los contratos: ahí puede estar la clave del triunfo o del fracaso. Controlar el cuello o los puños de la camisa, tener clara la etiqueta que debemos seguir con la americana, actualizar su silueta o saber qué zapatos debemos llevar son algunos de los pormenores a los que hay que prestar atención.

En principio, todos sabemos llevar un traje (no es muy complicado ponérselo y abrochar los botones), pero son pocos los que lo hacen bien. Quizás sea esta falta de referentes que apreciamos en nuestro día a día la que hace que repitamos nuestros errores sin remedio. Rafael Medina o los actores Diego Martín o Quim Gutiérrez pueden ser tres buenos ejemplos que hay que tomar en cuenta. Y si los mira detenidamente, observará que no cometen este tipo de fallos. Ellos nos pueden ayudar a pulir todos esos pequeños desatinos que hacen que el conjunto general no funcione. O también puede seguir nuestros consejos para conseguir el traje perfecto y puede que a partir de hoy se una al selecto club de los maestros del traje.

1 Un traje no es un chándal. Por mucho que nos empeñemos, la comodidad no es la mayor de sus virtudes. Dependiendo  del patrón o los materiales empleados para su confección, un traje puede ser más o menos cómodo  –y hay que reconocer que cada día lo son más–, pero no es la prenda más adecuada para ver  la televisión. Así que la talla deberá ser la correcta. Hay que buscar el fit que se ajuste al cuerpo de manera más natural, pero que no lo aprisione. Ese pequeño detalle le ayudará, incluso, a corregir  la postura corporal, ya que la propia chaqueta o los tirantes harán que recomponga la espalda en todo momento y cause mejor impresión. ¿Conocía esta otra utilidad?

2La americana tiene sus códigos. Tranquilo, solo son dos y no son complicados de memorizar. Es cuestión, como en casi
todo en esta vida, de usar la lógica. El primero es muy sencillo: la americana se lleva abrochada cuando estamos de pie y se desabrocha en el momento en el que nos sentamos (así nos ayuda a colocarnos en la silla). A esto hay que añadir una segunda regla, para lo  que recurriremos a una breve clase de historia. El generoso contorno del cuerpo del rey británico Eduardo VII y el ambiente cortesano que quiso congraciarse con el monarca hicieron que se pusiera de moda llevar el último botón de la americana abierto; desde entonces, los caballeros dejan sin abrochar el último botón de sus chaquetas. Este detalle o norma no escrita con sabor histórico se aplica tanto para las americanas de botonadura  de una sola fila (ya sean dos o tres botones) como para las cruzadas.

3 El cuello de la camisa, ni justo ni holgado. Su talla perfecta es aquella que deja espacio solo para dos dedos cuando la llevamos abrochada con corbata. Una vez escogida la talla, empezaremos una lección de tipos de cuello. Los más empleados son el inglés y el francés (la imagen clásica del cuello a la que estamos habituados) y el italiano, que se diferencia de forma clara por ser el que deja más visible la corbata. El de esmoquin, con esas pequeñas aletas, lo reservaremos para  las grandes ocasiones; el de botones, inventado por Brooks Brothers, para momentos más sport; y el cuello pasador tiene un sabor vintage que, si lo sabemos llevar bien, puede darnos grandes alegrías. Esta parte de la camisa también encierra una de las joyas más discretas de la indumentaria masculina: las ballenas que mantienen las puntas del cuello en su sitio pueden estar realizadas de cualquier material, incluido la plata.

4  Los calcetines, ¿de qué color? Mucho se ha hablado del color de los calcetines y, pese a todo, seguimos sin tenerlo del todo  claro. Los no iniciados en la aventura de la sastrería lo mejor que pueden hacer es buscar calcetines que coincidan con el color del traje (nunca con el de los zapatos). En cambio, para los que quieran ir un paso más allá, Jeremy Hackett, que de trajes sabe bastante, aconseja jugar  con los colores, hacer un pequeño guiño y dejar a todo el mundo ojiplático cuando vean asomar bajo la pernera del pantalón modelos en rojo, lunares, amarillo… La clave está en saber combinar y en no excederse. Habrá quien crea que somos ingleses; dejémoslo que lo crean.

5 La corbata: ojo a los colores y a los nudos. Pese a que la corbata vive ahora sus horas más bajas, es un accesorio del que nunca deberíamos desprendernos si realmente sabemos apreciar el estilo masculino. Aunque se impone el casualismo, un caballero no solo tiene que saber llevar corbata, sino controlar los diferentes nudos que existen.  Lo primero es cuidar el tamaño de la pala. Ahora mismo lo más correcto es apostar por un término medio (ni muy ancho ni muy estrecho). Después analizaremos qué colores nos sientan mejor y si optamos por rayas o estampados con motivos. Ryan Gosling defiende una vuelta a los años 40 –eso ya va en gustos–, pero recuerda que se perdona antes una corbata sin gracia que una de Carrascal. Sobre nudos, dependiendo del grosor del tejido, opta por un Windsor, un medio Windsor o uno sencillo.

6  Cuidado con los bajos del pantalón. Es una costumbre muy arraigada en nuestro país dejar que la pernera del pantalón descanse sobre el tacón del zapato. De hecho, todavía hay muchos sastres y dependientes que dan todo tipo de razones para defender esta teoría. ¡Error! Eso acaba generando una serie de bolsas que hacen que el pantalón no parezca nuestro. Además de resultar antiestético, genera una silueta sin proporción que nos achata, y es una lástima que suceda eso cuando el traje puede estilizarnos. La medida correcta es aquella que roza nuestros zapatos y que deja ver sensiblemente el calcetín. Eso sí, tendremos que tener cuidado: hay que asegurarse de que el gemelo no quedará desnudo si cruzamos las piernas.

7  O cordones o hebillas, nada más. Los mocasines hay que dejarlos en el armario cuando llevemos traje. Lo más correcto es llevar zapatos de cordón, bien sean Oxford, con costura prusiana (con la parte del zapato que se junta con la lengüeta cosida por debajo de la parte delantera, haciendo que casi no se aprecie la lengüeta) y de carácter más formal, o Derby, con costura inglesa (con la parte delantera por encima de la lateral) y con una horma más relajada que les da un punto más sport. Junto a ellos, podemos usar también los zapatos de hebillas (en inglés, monkstrap). Y, de forma excepcional, como homenaje a Felipe VI (muy fan de este modelo), los mocasines Tassel, de borlas.

8  ¿Y el bolsillo superior de la americana? No está ahí como un observador de la ONU o un casco azul. Tiene su función y no es otra que la de albergar un bonito pañuelo que nunca será del mismo estampado que la corbata. Se puede optar por una versión sobria y clásica, como es el color blanco, o darle un giro original y jugar tanto con el volumen como con los estampados. Si necesita una referencia para hacerse una idea, observe con atención todas las imágenes del Príncipe Carlos de Inglaterra; es un maestro en la materia y hasta lleva uno de lunares rojos con esmoquin.

9  ¿Cinturón? ¿Y por qué no tirantes? Quizá nunca se haya planteado usar tirantes, pero es hora de hacerlo. El cinturón ha sido un buen compañero de viaje, pero todos sabemos que la primera novia pocas veces es la definitiva. Los tirantes son realmente la mejor opción para ajustarte un traje. Pida a su sastre que cosa una serie de botones internos al pantalón para prendérselos de ahí a través de las abrazaderas (hay también modelos con pinzas). Notará la diferencia. Después elija si los prefiere en X (preferiblemente para lucir con chaleco) o en Y (para lucir solos).

10  El abrigo tres cuartos no es la única opción. El abrigo tres cuartos, pese a ser el perfecto, no es la única opción para abrigarse. Si busca  dar un aire más juvenil a su look, las trencas y las parkas pueden ser buenos aliados. Otra opción en boga, sobre todo si es un aficionado a las energías limpias y se desplaza en bicicleta, son los chalecos acolchados. Usted decide en este caso si opta por llevarlos por dentro  o por fuera de la americana y si los quiere con más o con menos volumen. En cuanto a colores, la opción más sabia son los de tonos negros o azules.